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La Inteligencia Emocional la clave de las buenas relaciones

Posted by Colegio Buckingham on Thu, Feb 02, 2017 @ 07:17 PM

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Inteligencia emocional (EQ) se define como la capacidad de identificar, evaluar y controlar las propias emociones, las de los demás y las de los grupos. De acuerdo con Daniel Goleman, psicólogo estadounidense, graduado en el Amherst College y doctorado por la Universidad de Harvard, en su libro Emotional Intelligence: Why it can matter more than IQ (1996) (Inteligencia Emocional: Por qué importa más que el CI), la Inteligencia Emocional es una medida más importante que el Coeficiente Intelectual (CI). Estos revolucionarios conceptos de Goleman introdujeron la ciencia de la Inteligencia Emocional en las empresas y en las escuelas.

Su tesis radica en que todos poseemos un conjunto de habilidades que él ha llamado “inteligencia emocional”, entre las que se destacan: el autocontrol, el entusiasmo, la empatía, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo. Esto significa utilizar la inteligencia en el reconocimiento y manejo de las emociones propias y ajenas.

Las habilidades emocionales son susceptibles de aprenderse y perfeccionarse a lo largo de la vida. Para Goleman (1996), las competencias emocionales no son talentos innatos, sino capacidades aprendidas que deben ser trabajadas y que se pueden desarrollar para lograr un rendimiento excepcional. Goleman cree que los individuos nacen con una inteligencia emocional general que determina su potencial para el aprendizaje de las competencias emocionales.

La capacidad de pensar, planificar, concentrarse, resolver problemas, tomar decisiones y muchas otras actividades cognitivas indispensables en la vida, pueden verse entorpecidas o favorecidas por las emociones.

La inteligencia emocional es entonces, un conjunto de disposiciones o habilidades que nos permite, entre otras cosas, tomar las riendas de nuestros impulsos emocionales, comprender los sentimientos más profundos de nuestros semejantes, manejar amablemente nuestras relaciones o dominar esa capacidad que señaló Aristóteles: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.”

Si bien es cierto que en toda persona coexisten los dos tipos de inteligencia (cognitiva y emocional), es evidente que la inteligencia emocional aporta, con mucha diferencia, la clase de cualidades que más nos ayudan a convertirnos en auténticos líderes y a desarrollar relaciones duraderas. Estas habilidades se pueden aprender y acrecentar, especialmente en los años de la infancia en los que el cerebro está en crecimiento y formación.

Los 4 Componentes de la Inteligencia Emocional

Daniel Goleman (1996) definió en su libro los 4 componentes principales de la inteligencia emocional que describimos abajo:

1) Autoconsciencia

Es la capacidad de reconocer y entender los sentimientos, emociones e impulsos personales propios y el efecto que estos tienen en los demás. Es conocer nuestras fortalezas y nuestras debilidades, para entender por qué y qué nos hace sentirnos en determinada forma. Algunas señales de autoconciencia incluyen la auto confianza, la autoevaluación realista y la autocrítica con sentido de humor.

Creemos que siempre sabemos lo que estamos sintiendo, pero la realidad es que muchas veces no somos conscientes de nuestras propias emociones ni de las consecuencias que estas puedan tener en nuestro trabajo o en las relaciones con los demás. La preocupación por controlar impulsos y pasiones parece ir aparejada al desarrollo armonioso de la vida en comunidad, pues una emoción excesivamente intensa o que se prolongue más allá de lo prudente, pone en riesgo la propia estabilidad y puede traer consecuencias nefastas. Entender nuestras emociones nos ayudará a reducir el estrés y a tomar mejores decisiones, especialmente cuando estamos bajo presión.

Podemos ayudar a los niños a reconocer sus propias emociones si les enseñamos a nombrarlas. Por ejemplo, el niño debe aprender a reconocer si lo que está sintiendo es ira, frustración o decepción y qué fue lo que causó esta emoción. También podemos enseñarle a hacerlo con sus emociones positivas.

Para mejorar nuestras habilidades de autoconsciencia, debemos dedicar tiempo a pensar en nuestras emociones para entender por qué experimentamos una emoción específica. Debemos reconocer las cosas que nos causan una reacción fuerte, como la ira, para ayudarnos a entender las razones subyacentes de esa reacción. Al hacer esto, podemos empezar a ver un patrón dentro de nosotros mismos que nos ayuda a explicarnos cómo nos comportamos y cómo nos sentimos en ciertas situaciones. Esto nos permite manejar diversas situaciones que puedan surgir en el trabajo o a nivel familiar y personal.

2) Autogestión o Manejo de las Emociones Propias

Se refiere a nuestra habilidad para manejar nuestras emociones y depende de nuestra autoconsciencia, o sea, primero debemos ser conscientes de ellas. ¿Cómo manejar la ira, la tristeza o la frustración? Debemos aprender a controlar lo que hacemos y decimos al tiempo que rechazamos la tentación de tomar decisiones apuradas de manera que no comprometamos nuestros valores.

Para aumentar nuestras habilidades de autogestión, podemos tomar respiraciones profundas para aumentar el flujo sanguíneo, lo que nos ayuda a manejar situaciones difíciles. Aunque aparentemente infantil, contar hasta diez antes de reaccionar puede ayudarnos a manejar emociones como la ira. Esto nos da tiempo para calmarnos y pensar en cómo vamos a manejar la situación.

La práctica de la conversación positiva puede ayudar a aumentar nuestra autogestión dirigiendo los pensamientos que tenemos sobre nosotros mismos y las situaciones a las que nos enfrentamos a lo largo del día. Mientras que el optimista cree que la causa de sus fracasos es algo que puede cambiarse y que puede combatir en el futuro, el pesimista se culpa de sus infortunios, y los atribuye a alguna característica personal que no es posible modificar. Al reconocer nuestros pensamientos negativos, podremos cambiarlos por positivos. Los siguientes son algunos ejemplos:

Positivo

   Negativo

   Cometí un error.

       Soy, o eso fue tonto.

   Necesito trabajar un poco las habilidades xx.

       Soy un idiota.

   Debo esforzarme un poco más para mostrarles lo    que puedo hacer.

       Ellos nunca me aceptarán.

   Necesito cambiar mi lista de prioridades.

       Nunca seré capaz de hacerlo todo.

   Tendré que estudiar y aprender más.

       No tengo los conocimientos necesarios para hacer          este trabajo.


3) Consciencia Social o Empatía

La consciencia social o empatía es la habilidad de entender las emociones de los otros. Es saber lo que alguien siente sin que necesariamente lo comunique con palabras sino con el tono de su voz o con su expresión facial.

De acuerdo con Daniel Goleman existen tres tipos de empatía: “Esa curiosidad natural sobre la realidad ajena, técnicamente hablando, significa "empatía cognitiva", la capacidad de ver el mundo a través de los ojos de los demás. La empatía cognitiva es mente a mente, dándonos un sentido mental de cómo funciona el pensamiento de otra persona” (Goleman 2013). Este tipo de empatía nos es útil en el trabajo y en general en las relaciones con otras personas.

El segundo tipo de empatía es a nivel emocional: “Con la empatía emocional sentimos lo que la otra persona hace en una conexión instantánea cuerpo a cuerpo. Esta empatía depende de sintonizar nuestros sentimientos con los sentimientos de otra persona y requiere que percibamos sus rasgos faciales, vocales y otros signos no verbales de cómo se siente en cada instante” (Goleman 2013). Es esa “química” que sentimos con otra persona y que hace que nos entendamos a la perfección.

La tercera variedad es la preocupación empática, que es cuando expresamos nuestro amor y preocupación por alguien. “Este tipo de empatía se manifiesta principalmente en el amor de los padres. Es una conexión de corazón a corazón” (Goleman 2013).

La mayoría de nosotros poseemos esta habilidad, en sus tres formas de expresión, en diferente grado y de hecho, se reconoce desde edades muy tempranas, como en niños de meses de edad que rompen a llorar cuando ven a otro niño llorar, o niños un poco mayores que ofrecen su peluche a otro niño que está llorando.

Por otro lado, la ausencia de empatía suele ser un rasgo distintivo de las personas que cometen los delitos más execrables: psicópatas, violadores y pederastas. La incapacidad de estos sujetos para percibir el sufrimiento de los demás les infunde el valor necesario para perpetrar sus delitos.

El aumento de la conciencia social se puede lograr observando las acciones de otros y dándonos cuenta de cómo están reaccionando. Podemos mejorar nuestras habilidades de empatía o sensibilización social, aprendiendo los nombres de las personas y asegurándonos de que percibimos su lenguaje corporal. Vivir el momento o estar completamente presentes puede ayudar a nuestras interacciones con los demás. Practicar nuestras habilidades de escuchar con atención y hacer preguntas de seguimiento también pueden ayudarnos a mejorar nuestras habilidades de empatía o consciencia social.

4) Habilidades Sociales o gestión de las relaciones

Es el arte de las relaciones interpersonales. Este poder lo tenemos todos y lo importante es ser conscientes de que lo poseemos y que debemos saber manejarlo. Podemos reconocer que en cada intercambio podemos hacer sentir a las otras personas un poco mejor o un poco peor. La comunicación clara es la base del manejo de nuestras relaciones y esto nos ayudará a ser mejores líderes, ser persuasivos y manejar grupos diversos.

Estrategias para la gestión de relaciones pueden incluir ser abiertos, reconocer los sentimientos de los otros y demostrarles que nos importan. Estar dispuestos a escuchar a los otros y entenderlos a nivel personal y además aceptar la retroalimentación y crecer a partir de esa retroalimentación puede ayudar a las personas a sentirse más cómodas interactuando con nosotros.

Si fomentamos la Inteligencia Emocional en nuestros hijos, estaremos ayudándolos a comunicarse bien, desarrollar relaciones fuertes, negociar situaciones difíciles, ser líderes en su campo y eventualmente, incluso ganar más dinero. Serán más empáticos y compasivos con sus amigos, parejas e hijos propios, se relacionarán más fácilmente con los demás y tendrán una mayor consciencia de sí mismos.

En síntesis, concluye Goleman (1996), canalizar las emociones hacia un fin más productivo constituye una verdadera aptitud maestra. Ya se trate de controlar los impulsos, de demorar la gratificación, de regular los estados de ánimo para facilitar el pensamiento y la reflexión, de motivarse a uno mismo para perseverar y hacer frente a los contratiempos, de asumir una actitud optimista frente al futuro, todo ello parece demostrar el gran poder de las emociones como guías que determinan la eficacia de nuestros esfuerzos.

No podemos controlar lo que vamos a sentir, ni cuando lo vamos a sentir, ni con que intensidad, pero lo que si podemos hacer es decidir cómo reaccionar ante una determinada emoción y pensar cuales serán las consecuencias si no la manejamos apropiadamente. 

Fuentes:

https://www.leadersummaries.com/ver-resumen/inteligencia-emocional#gs.cb8W_vM

https://www.youtube.com/watch?v=ikHT7EVGH8E

https://saylordotorg.github.io/text_human-relations/s06-01-emotional-intelligence.html

https://www.sonoma.edu/users/s/swijtink/teaching/philosophy_101/paper1/goleman.htm

http://www.danielgoleman.info/empathy-101/

imagen: http://www.freepik.com/free-photo/girl-with-a-big-smile-in-a-classroom_852690.htm'

 

Tags: LIDERAZGO, Inteligencia Emocional

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